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"Cabezas parlantes" cuento de Engin Akyurek traducido

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eliff
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"Cabezas parlantes" cuento de Engin Akyurek traducido

Mensaje por eliff el Dom Ago 21, 2016 12:59 am

"CABEZAS PARLANTES"
“La gente te dice que tienes que viajar para ver el mundo. Algunas veces yo pienso que si te quedas justo en un lugar y mantienes los ojos abiertos, tú vas a ver casi todo lo que puedes manejar.” – Auggie Wren (Harvey Keitel) de la película “Smoke” dirigida por Wayne Wang y escrita por Paul Auster.

Las conversaciones entorno a la mesa, el intercambio de saliva y ácido estomacal, el daño causado a la parte ociosa de mi cerebro por el chirrido de una silla de madera debajo de mi trasero, como si estuviera creando un trauma a mis tejidos blandos, fueron la demostración de poder de una atmósfera creada por el clima. Los tiempos lluviosos intentan mojar a toda la humanidad, como si estuviera enredándose en sí misma desde la curva (la forma en que cae la lluvia de donde nace), como un niño retorciéndose porque necesitaba orinar. Es por eso que las calles estaban llenas de gente y era como si las piedras estuvieran caminando con las personas. Por suerte yo encontré una mesa y me senté. Y me senté de tal manera, que mi actitud era como la de un gran comandante que quería declarar su propia independencia y mi cuerpo era suficientemente expansionista como para no querer un sistema feudal dentro de mí y, mis manos y mis brazos amenazaban lo suficiente como para colonizar otros continentes. De repente, una silla que un camarero puso en frente de los lugares a los que yo podía ir con mis ojos abiertos pudo hacerme un pariente distante de un codo sudoroso el cual estaba cansado de esperar. Mientras tanto, todavía no puedo captar la atención del camarero.

Estoy en un lugar lleno de gente y cuando hay un montón de personas uno quiere ser algo más. ¿Qué quiero? Mirando todo desde arriba, creciendo como una gaviota con el té escarpado, quiero ir a mi lugar soñado. En realidad, quiero ser una gaviota, como los ojos de una gaviota buscando algo, quiero jugar a los cuentos de hadas que son los que más me encantan, aterrizando en diferentes tierras lejanas como si fuera un héroe de cuento de hadas e inhalando el olor de los lugares donde aterrizo. ¿Quiero mucho? Parece que, sentado en la mesa el deseo de beber una taza de té es uno de los estados más inocentes. Cuando miro hacia arriba, no me gusta este telón de fondo negro proyectando sombras sobre mis párpados. Mientras miro a las personas, el clima y especialmente a las gaviotas de las que estoy celoso, quiero descubrir nuevos continentes que nadie conoce, quiero que su nombre sea mencionado con las gaviotas y, arrogantemente, con el mío. Viendo esto como el aparato más primitivo para comparar mis sueños y sentimientos. La sinfonía compuesta por las mesas, personas que no se escuchan unas a otras, manos apareándose con sus teléfonos, cuerpos que con sus ojos hacen el amor a sus smartphones como si ellos estuvieran recibiendo las noticias más importantes del mundo, y cabezas que limpian las conductas humanas más primitivas con una teoría que no puedo explicar.

Naturaleza humana; cuando uno se sienta a la mesa y además no es capaz de captar la atención del camarero, quiere decir algo para todo; especialmente para las cosas habladas en la mesa de al lado. Sin embargo, me gustaría solo beber mi té en la mesa que enriquecí con mis paredes mentales. Aunque las cosas habladas en la mesa de a lado, no tenían ningún efecto en mi sistema sensorial por un momento, mi existencia, derrotada por la fragilidad del ser humano, estaba tratando de ser una parte de la realidad, como las blancas plumas arrancadas de una gaviota y las oraciones habladas entre las mesas. Cuando uno dibuja sus propios límites, audazmente quiere mirar alrededor; y todavía no soy capaz de captar la atención del camarero. Pareciera como si constantemente me diera la espalda, como si al atrapar su mirada le hubiera escrito palabras obscenas en el check del pedido, las que pensé pronuncia como si estuvieran escritas, quería saludarme con su espalda. Las personas que estaban juntas alrededor de la mesa tenían muchas cosas que hablar unas a otras que me pregunté: si yo hiciera una cosa loca ante los ojos de estas personas, cuánto me penalizarían al emitir sus juicios y, murmuraba al aire con mi aliento, quería que todos abrieran sus ojos y fueran a lugares cuyos nombres no conocían. Como las gaviotas en busca de su mar, todos podían mirar al cielo a la gaviota a la que pertenecían.

Mientras que pensaba en todo esto, no supe el ángulo entre la hora y el minutero, ya había renunciado a mis esperanzas con el camarero. Nuestra incapacidad de capturar la atención del uno al otro, se había convertido en una tragedia que necesitaba ser contada. ¿Podía crear un té fuerte con las miradas del camarero que mantuvo sus ojos lejos de mí si yo agitaba mis brazos y mis manos?… y parece que, agitando mis manos y brazos aparentemente capté su atención, pues me mira como si hubiera estado mirándome por años.

Agitando el pequeño papel en su mano, así de claro dice ¿Sí? Lo miro con reproche por ser tan claro y sencillo, lamiendo la saliva acumulada en las comisuras de mis labios. Digo “Té” sin romper la seria atmósfera creada por el camarero.

Antes de que fuera capaz de hablarle de la relación que tuvimos, durante el periodo de tiempo que no pudimos captar la atención el uno del otro, él, apartando su mirada y plegando el papel en su mano como si estuviera imitando los gestos de gente importante, dice “Nos quedamos sin té” y se fue.

Pensando si debo posponer mi sueño de vivir dentro de mí un momento literario con mis ojos bien abiertos, escribí en un papel en blanco con personajes atrapados entre mi lengua y mis labios: “Supongo que era muy fácil beber té y estar celoso de las gaviotas… La parte más difícil fue ser un humano”.
ENGIN AKYUREK

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